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El artista de los anillos


Vaya por delante una cosa: admiro tanto la obra en general de este hombre que no pretendo ser objetivo en esta entrada del blog. Todo el mundo tiene sus filias y sus fobias, pero sin entrar a valorar comparativas con escritores digamos “clásicos”, para mi es uno de los ya no grandes, sino inmensos, del siglo XX.

Estoy hablando, como no podía ser de otra forma, del escritor inglés John Ronald Reuel Tolkien. Nacido por casualidad en Bloemfontain, Sudáfrica (1892) y muerto en Bournemouth, Inglaterra (1973), es el creador de la saga fantástica más real de la historia de la literatura; y aunque algunos se pudieran echar al cuello por esta blasfemia, lo considero sólo un peldaño por debajo de los padres de la mitología griega y romana como Homero, Hesíodo o Plutarco, al menos en cuanto a profundidad de su obra. Evidentemente no pretendo insinuar que la trascendencia histórica de unos y de otro sea ni siquiera comparable, pero en la tarea titánica de inventar algo con base creíble de donde no hay nada no anda demasiado lejos.

Tolkien tuvo una experiencia vital de lo más variado: traslado desde su Sudáfrica natal a Inglaterra por motivos de salud, convertido al catolicismo por su madre, huérfano a temprana edad, enamorado de una chica mayor de su mismo orfanato -con la que acabó casándose después de un tiempo-, graduado con honores en Oxford y miembro del ejército británico en la Gran Guerra. A la vuelta del conflicto por una enfermedad, comenzó a trabajar en lo que sería su auténtica “profesión”: experto en lengua inglesa y en su relación con los idiomas antiguos, tarea en la que alcanzó un notable éxito internacional.

De hecho, precisamente fueron sus estudios lingüísticos, su afición a la poesía y a contar historias lo que le llevó a su faceta como escritor, la que le hizo entrar en la historia. Desde su estancia en las trincheras comenzó el bosquejo de algo que con el tiempo se haría mucho mayor y más importante: la creación de un período ante-histórico que después trataría de encajar con los tiempos históricos que conocemos y vivimos, dentro de un universo complejo y completo con toda la cosmogonía asociada. Mitología, geografía, historia, genealogía, lenguaje… su visión de Arda incluye hasta el más mínimo detalle.

¿Qué es Arda? Se puede decir que es la particular visión del profesor Tolkien del planeta Tierra en épocas pasadas. Una visión, por cierto, muy católica del asunto: aquí no hay ni la más mínima concesión a los evolucionistas de Darwin, sino a dioses que crean otros seres en una suerte de generación espontánea divina. Y, francamente, el conjunto no se resiente en ningún momento, por mucho que en esta Tierra alternativa no hubiera hueco para los dinosaurios -¿o quizá si?- ni bichos de otras épocas. En todo caso, la entrada no es para hablar sobre este maestro de las palabras, sino sobre su colosal obra. Baste decir sobre JRR que era un hombre profundamente ecologista, pacifista, públicamente contrario al racismo con todas sus fuerzas y fervientemente católico. No se puede ser perfecto.

 

La obra de Tolkien era un auténtico caos. En principio, el aburrido profesor de lingüística no pensaba que sus “ejercicios lúdicos léxicos” -sin ir más lejos el élfico es un lenguaje esencialmente real, en el sentido de que sigue todas las normas léxicográficas, semánticas y sintácticas necesarias para ser considerado como tal- pudieran llegar a tener la repercusión que tuvieron después, por lo que sus primeros escritos eran cualquier cosa menos sistemáticos: cuadernos aquí y allá, hojas sueltas, cuentos mezclados con otros cuentos, revisados una y otra vez, ideas inconexas, tramas alternativas… Sin duda, gran parte de lo que hoy conocemos de su obra se debe al mérito de su hijo Christopher Tolkien, que se dedicó a la tarea de recopilar y ordenar todo el vasto fondo manuscrito de su padre.

Aparte, tampoco se molestó en escribir en orden cronológico: El Silmarillion se empezó primero, pero fue abandonado a medio terminar y continuado tras el éxito de El Hobbit y El Señor de los Anillos, aunque su autor nunca lo llegara a ver publicado -se trata de una obra póstuma-. Muchas de las ideas iniciales situadas en el universo de Arda se desecharon o fueron ampliadas con ánimo de desarrollar más alguna parte de la trama, entre las que cabe destacar:

  • Cuentos Perdidos
  • Cuentos Inconclusos de Numenor
  • Los Hijos de Hurin
  • Las Aventuras de Tom Bombadil
  • Las baladas de Beleriand
  • La formación de la Tierra Media
  • El camino perdido y otros escritos
  • El retorno de la Sombra
  • La traición de Isengard
  • La guerra del Anillo
  • El anillo de Morgoth
  • La Guerra de las Joyas
  • Los pueblos de la Tierra Media

En cualquier caso, la obra de JRR Tolkien es muchísimo más amplia, y aparte de los títulos principales o centrados en Arda incluye, entre otros:

  • Hoja de Niggle
  • Egidio, El Granjero de Ham
  • El señor Bliss
  • Roverandom
  • La leyenda de Sigur y Gudrun
  • El herrero de Wootton Mayor.

Igualmente, fue un entusiasta aficionado a la poesía, tanto a nivel de lector como de autor. Cabe citar uno de los primeros poemas que compuso: El viaje de Earendël, la estrella vespertina, porque es el auténtico punto de partida del universo de Arda.

Vamos con los libros principales, la columna vertebral de El Señor de los Anillos.


El Silmarillion

Sin duda alguna, uno de los ejercicios más colosales a nivel de literatura que he tenido el gusto de leer. No es un libro apto para todos los públicos, algo con lo que el propio Tolkien estaba de acuerdo: áspero, profundo en el detalle hasta niveles maniáticos, y poco o nada dinámico. Sin embargo, es una auténtica delicia para el que intenta profundizar en la historia que se nos cuenta después con su obra inmortal. Aquí están la mayoría de respuestas para aquellos que atisbábamos un trasfondo mucho más inmenso tras las páginas de ESDLA, desde el principio de los tiempos hasta el hundimiento de Sauron y la partida de los héroes del anillo. Gracias a que Christopher Tolkien no pensaba igual se pudo disfrutar del libro.

Evidentemente, es imposible realizar un resumen en pocas palabras -y mucho más una saga de películas-, entre otras razones porque las tramas interactúan y se entrelazan unas con otras, abarca un rango temporal casi infinito y presentan muy diferentes estilos narrativos y extensiones. Como pinceladas, digamos que al principio no existía nada, y fue gracias al Hacedor, Eru Ilúvatar -vendría a ser equivalente al Dios cristiano- que surgieron un sinfín de espíritus tremendamente poderosos, los Ainur -o “dioses”- y los Maiar -o “semidioses”-. El poder combinado de unos y otros dio forma al globo terrestre, y muchos hicieron de él su morada: Manwë, el principal, señor del aire; Ulmo, señor de los mares; Aulë, el maestro herrero; Vana, reina de las estrellas; Mandos, el juez; Oromë el cazador, y muchos otros -Tulkas, Nienna, Yavanna, Lorien…-. Además, por supuesto, del contrario: Melkor, el elemento maligno de la narración.

En esencia, la historia va desgranando como estos poderes sobrenaturales se combinan para darle forma al mundo -en el caso de Melkor, para destruirlo y sojuzgarlo a su voluntad-. Así, crean unas inmensas lámparas con la luz celestial que son derribadas por nuestro villano, se trasladan a una morada semidivina llamada Valinor, presencian la llegada de los elfos o “Primeros Nacidos”, reemplazan las lámparas destruidas con dos árboles que también son arruinados por Melkor y Ungoliant -inciso: se trata de uno de los personajes más espectaculares de la obra de Tolkien, un espíritu Maiar con forma de araña monstruosa que está a punto de aniquilar al dios del Mal-, crean el Sol y la Luna…

A partir de este punto la historia se centra esencialmente en los distintos pueblos elfos, tanto los que se trasladan a vivir a la morada de los dioses como los que se quedan en la Tierra Media, sus relaciones -algunas espectacularmente retorcidas, como la de Feanör y las matanzas entre hermanos por culpa de los Silmarils, que le dan nombre al libro- y la llegada de los Segundos Nacidos, los padres de los Hombres. Sin duda, las andanzas de los hijos de Feanör, de Elwë, Fingon, Turgon, Melian la Maia, Luthien… y los humanos Beren, Turin y demás son como para leerlas. La lucha constante contra la maldad de Melkor -Morgoth más tarde- y sus acólitos, la creación de Orcos o Dragones -impagable la presencia de Glaurung o de Ancalagon, aunque este tuviera vida literaria efímera-, la llamada desesperada de socorro del navegante semielfo Earendil ante los propios Valar, la guerra de los Poderes o la separación de Valinor de las esferas mortales son lecturas que merecen la pena. Y, además, deja la historia a punto de caramelo para su continuación con El Señor de los Anillos, aunque antes a modo de prólogo se presente…

 

El Hobbit

Siempre pienso lo mismo: ESDLA es un libro, El Silmarillion una enciclopedia y El Hobbit un cuento. De una extensión considerablemente menor y de un estilo mucho menos académico y más relajado que su predecesor y su sucesor en la línea temporal, sin duda es esencial para entender el acontecimiento principal de la “Tercera Edad” del mundo y, en definitiva, para el fin de los días de los elfos y el advenimiento de nuestro tiempo histórico: el descubrimiento del Anillo Único de Poder, aquel en el que el más fiel seguidor de Melkor, Sauron, puso gran parte de su ser maligno.

Poco misterio argumental podré desvelar: narra las peripecias de un tranquilo hobbit, Bilbo Bolsón, en compañía de unos enanos y un mago un poco loco, Gandalf. Trolls, elfos, arañas, orcos y un encuentro casual que lo cambiaría todo: Gollum y su tesoro. Se lee muy rápido y es muy amenos, aunque si queréis esperar Peter Jackson prepara dos películas basadas en el libro. De aquí pasamos a

 

El Señor de los Anillos

Es, sin duda, la obra de fantasía más importante del pasado siglo. Muy pocas pueden llegar siquiera a ser dignas de comparación, pero su mayor virtud es, precisamente, huir de la fantasía per se para mostrarnos un mundo tan bien construido que bien pudo ser real en algún otro sitio o en algún otro tiempo.

Este si que es una tontería siquiera tratar de resumirlo: creo que las andanzas de Frodo el Hobbit son conocidas por todo el mundo, ya sea en su versión literaria o en su versión peliculera -en la mayoría de casos, en ambas y múltiples veces-. La huida de la Comarca, el Concilio de Rivendel, Gandalf y el Balrog, la ambición de Saruman, el momento Galadriel, el montaraz Aragorn, los Jinetes Negros, los Ents, los Rohirrim, Minas Tirith, el Ojo de Sauron, Ella-Laraña, el Monte del Destino, los Puertos Grises… todo eso forma ya parte del imaginario colectivo. Eso si, me gustaría destacar un par de asuntos que se pasaron por alto:

  • la presencia de Tom Bombadil al principio de la historia. Es sin duda el personaje más extraño de todo el libro, y más por cuanto no se sabe nada acerca de su origen. Hay quien cree que es un espíritu Maiar, aunque yo he pensado muchas veces que se trata del “alter ego” del propio Tolkien
  • los tumularios. Sobre todo, por cierta arma que después se revela vital en otro momento mucho más avanzado.

En todo caso, se trata de un libro extraordinario. Quien busca una cosa ligerita de digerir evidentemente está muerto antes de empezar: hay que leerlo imaginando lo que está impreso, cada letra y cada detalle, meterte de lleno en la historia, o no te atrapará. Esto no es Narnia, con unicornios, leones parlantes, centauros y millones de engendros, ni Hogwarts, ni nada parecido: es un mundo consistente aún en su propia fantasía. Y, sobre todo, te tiene que gustar leer: a mi se me hicieron cortísimas las 1000 páginas, tan cortas que me las he leído muchas veces y he completado con casi toda la bibliografía de su autor.

 

Algún día, dentro de un tiempo, se hablará de la obra de Tolkien como se merece: como la de un clásico al nivel de cualquiera de los mejores. Mientras tanto, y a modo de epílogo, decir que ESDLA sustituyó como mi libro favorito a otro que también tiene su interés: La historia interminable, del genio Michael Ende.

PD: Un par de curiosités: la primera película basada en la obra de Tolkien fue la genial adaptación del 78 a cargo de Ralph Bakshi, que utilizó una original técnica denominada rotoscopia, donde se mezclaban personajes reales “caricaturizados” y mezclados con los dibujos. Y la segunda… ¿os habéis fijado que, en los tres libros, hay un enemigo común: las arañas? Quizá sea debido a que siendo niño a JRR le mordió una tarántula.

 

Con permiso, Saerwën😉

Categorías:Libros
  1. Oscar
    11 abril, 2011 a las 18:23

    Comparto contigo la opinión acerca del ESDA, es el mejor libro (con diferencia) que he leído, releído y vuelto a leer. La película me encantó, pero como en toda película, nunca se hace justicia al libro, porque sería como hacer tantas películas como lectores del libro. Y eso a día de hoy creo que aún es un poco imposible, jejeje (quizás en un futuro inventen la tecnología, quién sabe?)

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