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Los monstruos del mar


Conociendo mis antecedentes, las más frikis del lugar podrían pensar que la entrada va a dedicarse a una de las primeras películas conocidas del cine kaiju eiga, del monstruo por excelencia, Godzilla. Pero no… hoy hablaremos un poquito de eso que está por debajo de los barcos: el mar, los océanos. Las olas. Y no unas olas cualquiera, de esas que los surfistas de Tarifa cogen con sus tablitas para regocijo de los espectadores, sino de auténticos colosos de agua: las olas solitarias.

Lo primero, una aclaración: las ’rogue waves’ no son tsunamis. Sus mecanismos de formación, desarrollo y peligrosidad  56851b747e90cb9486bb4de72e54ba5e_400_331son completamente distintos. Un tsunami se forma siempre por actividad téctonica y el consiguiente hundimiento del fondo marino, lo que desaloja una cantidad de agua igual a la que ocupe dicho desplazamiento. Su detección en alta mar es tarea complicada porque, a lo sumo, llega a alcanzar los 30 centímetros de altura; el problema es que su longitud de onda puede ser de cientos de kilómetros, y al llegar a zonas costeras la masa total de agua empuja al frente de la ola levántandola desde la base, tomando altura y penetrando en tierra firme debido precisamente a la enorme longitud de onda que llega empujando por detrás. En todo caso, a efectos prácticos es raro que una ola de tsunami alcance más de 20 metros al tocar tierra, pero con todo hay quien afirma que es más peligroso el reflujo que la propia llegada de la masa de agua. Teniendo en cuenta que el más reciente, el de Indonesia, apenas levantó 8 metros se puede uno hacer una ligera idea  de la potencia destructiva de este fenómeno.

Muchísimo más impresionantes -e inhabituales- son los megatsunamis. Estos se deben a corrimientos gigantes de tierra ocasionados por terremotos o bien eventos de impacto, por lo que las proporciones son mucho mayores que en los tsunamis corrientes. Históricamente, incluso se ha considerado que un fenómeno natural de este tipo fue el origen del mito de la Atlántida -más que el superterremoto de Santorini-: hace 10000 años, el Etna provocó una erupción de tal potencia que la ola resultante devastó el mediterráneo al completo.

Hay muy pocas evidencias recientes de megatsunamis y la mayoría de ellos han ocurrido en cuerpos de agua limitados, como es el caso de lagos de gran tamaño. En la edad moderna, sólo tenemos conocimiento de cuatro:

  • Monte Unzen, Japón, 1792. Una explosión volcánica provocó que parte de la montaña se colapsara en el mar. El resultado fue una ola de 100 metros de altura que mató alrededor de 15000 personas
  • Lituya Bay, Alaska, 1958. En este caso el deslizamiento de tierra fue provocado por un terremoto, y produjo la ola de mayor tamaño medida por el ser humano: 525 metros de alto, que arrasó grandes extensiones de bosques en la bahía. Al ser una zona deshabitada, sólo hubo dos víctimas mortales, y como curiosidad dos supervivientes: un padre y su hijo que estaban pescando en el centro de la bahía cuando llegó la ola, que los transportó sanos y salvos a muchos kilómetros de distancia
  • Embalse Vajont, Italia, 1963. La ola en este caso alcanzó los 250 metros, y hubo 2000 muertos
  • Lago Spirit, Estados Unidos, 1980. Este megatsunami estuvo relacionado con la famosa erupción del Monte Santa Helena, y formó olas de 260 metros de alto. Junto con la onda piroclástica procedente del volcán, la devastación en toda la zona fue mayúscula.

Hay evidencias de que el próximo megatsunami podría relacionarse con el volcán Cumbre Vieja, en las Islas Canarias, por-que-se-producen-los-tsumanislas_palmasy  sería por su magnitud mucho mayor que cualquiera de los anteriores. La ola de inicio sería enorme, aunque llegaría a las costas americanas del Atlántico con una altura estimada muy reducida pero aún impresionante: entre 25 y 30 metros, 50 en algunas zonas. Teniendo en cuenta que sólo en la costa Este de Estados Unidos se concentran decenas de millones de personas, y que la ola tardaría apenas 8 horas en cruzar el océano, nos podemos hacer una representación mental aproximada de la tragedia, más cuando un coloso de este tamaño puede penetrar sin problemas 25 kilómetros tierra adentro. También en las Hawaii hay candidatos a semejante “honor”.

Aún así, la verdadera magnitud de un megatsunami se podría comprobar tras el impacto de un asteroide. Aquí, 1280222993_extras_portadilla_1 dependiendo del tamaño del bólido que chocara con el planeta, se podría levantar una verdadera montaña de agua entre 1 y 4 kilómetros de alto -la profundidad del océano- que podría llegar intacta a zonas costeras. Evidentemente las proporciones se disparan y semejante ola penetraría cientos de kilómetros tierra adentro, destruyéndolo básicamente todo. De todas formas, el choque de un meteorito de tal tamaño tendría efectos mucho peores a nivel global, aunque no es el objetivo de esta entrada explicarlo.

Y tras esto ¿cómo hacer atractiva la idea de hablar de un tipo de ola marina que se forma a diario? Bien, quizá una buena forma es tener presente que puede que sean las causantes de muchos naufragios en alta mar. Básicamente y para empezar, son olas que afectan exclusivamente a la superficie marina, como cualquiera de la que nos encontramos en las playas… pero, obviamente, de un tamaño mucho mayor. Los factores que influyen en su formación continúan inexplicados, ya que no pueden atribuir únicamente a la acción del viento, lo que hizo que durante muchos años se dudara de su existencia, aunque el fenómeno ha sido ampliamente cubierto en muchas leyendas del folklore popular.

De hecho, la primera evidencia vino por el impacto de una de estas olas solitarias sobre una plataforma petrolífera 14709que quedó dañada tras la colisión. Estas estructuras en alta mar, así como los barcos de gran tonelaje, son diseñados estructuralmente para aguantar el embate de las olas “normales” durante largos períodos de tiempo mediante fórmulas matemáticas predictivas. Así, se prepara estas construcciones para el desgaste de olas regulares y las olas mayores de tormenta siguiendo un parámetro llamado altura de ola significativa -un promedio de las olas más grandes en un periodo de tiempo determinado-. El problema es que las olas solitarias no son olas normales y, además, según mediciones por satélite se ha comprobado que su aparición es mucho más frecuente de lo que matemáticamente sería predecible. La altura máxima de una ola de tormenta puede sobrepasar de forma excepcional los 15 metros de altura en alta mar, precisamente el tope estimado en los cálculos de construcción de plataformas y barcos; una ola solitaria puede alzarse casi hasta el triple de ese valor -y evidentemente las presiones que ejerce por el propio peso del agua son muchísimo mayores que el punto máximo de resistencia de las estructuras-.

Se estima que existen tres tipos de olas solitarias:

  • Paredes de agua, las únicas de larga duración, que pueden viajar hasta 10 kilómetros a través del océano. Protagonista de la película rogue wavePoseidón, en la cual un transatlántico de lujo en un viaje rutinario se encontraba con uno de estos muros. Precisamente sirve para ejemplificar una de las características de este tipo de olas: puede formarse con un tiempo totalmente en calma, por lo que su aparición es imprevista y el tiempo de reacción mucho menor que durante las tormentas
  • Ola simple
  • Las “Tres Hermanas”. En este caso, tres olas de altura excepcional se levantan una tras la otra. Es un fenómeno que también se produce a escala reducida en los lagos de gran tamaño, y a los 20 o 25 metros que pueden alcanzar se le une una enorme sima entre ola y ola, lo cual puede hundir un barco sea cual sea su tonelaje. También tiene película asociada: La Tormenta Perfecta.

Como se ha comentado, las olas solitarias no tienen por qué encontrarse sólo durante las tormentas, siendo rogue-waveperfectamente posible que aparezcan con el resto del mar en completa calma e incluso en la dirección contraria de la  corriente predominante: pueden haber olas normales y levantarse una ola solitaria gigantesca en sentido contrario. Los motivos siguen siendo un misterio, aunque se ha comprobado que su presencia es mayor en aquellas zonas donde los fuertes vientos de superficie y las corrientes marinas son opuestas –son muy frecuentes en el Golfo de Vizcaya-. En todo caso, hoy día se considera que en la formación de las olas solitarias interviene un fenómeno sorprendente: determinadas olas normales pueden “robar” energía a las olas vecinas y convertirse en estos monstruos, siguiendo los modelos matemáticos de las ecuaciones no lineales de Schrodinger. Sorprendente porque sin intervención externa, en la naturaleza la energía siempre fluye de los sistemas más energéticos a los menos: un trozo de hielo no “roba” frío al ambiente, sino que lo emite y alcanza un estado de equilibrio. En este caso, las olas solitarias contradicen las leyes tradicionales de la termodinámica.

Es difícil encontrar evidencias sólidas de olas solitarias, pero aún así se pueden citar los siguientes:

  • USS Ramapo (1933), trianguló cerca de las islas del Pacífico Sur la ola más grande medida directamente en altadraft_lens14051911module124471381photo_1286463962rogue_wave-thumb mar: 34 metros
  • Queen Mary (1942), fue golpeado de lado por una ola de 28 metros, lo que hizo que escorara 52º… pero aguantó sin volcar
  • SS Edmund Fitzgerald (1975), uno de los que no aguantó el encuentro. Se perdió contacto con él mientras navegaba por el lago Superior, y aunque en un primer momento se pensó que podía haber encallado otro barco, el SS Arthur Anderson fue alcanzado por dos olas gigantes casi al mismo tiempo y en el mismo lugar
  • MS Munchen (1978), perdido en alta mar. Los restos mostraban daños provocados por fuerzas extremas más de 25 metros por encima del nivel del agua
  • Esso Languedoc (1980), un superpetrolero que se encontró con una ola de cerca de 30 metros de altura y pudo fotografiarla
  • Queen Elizabeth 2 (1995), que tuvo la mala suerte de estar en el lugar incorrecto en el momento inadecuado: durante el huracán Luis –jeje- una ola de 29 metros se abalanzó sobre el barco en el Atlántico Norte, que según el capitán tuvo que “surfear” sobre la pared de agua para no hundirse
  • MS Bremen y Caledonian Star (2001). Ambos barcos se toparon con la misma ola gigante de 30 metros, teniendo que ser rescatados porque perdieron todos los instrumentos y la energía tras el brutal impacto.
  • Norwegian Dawn (2005). “Tres Hermanas” de aproximadamente 22 metros chocaron contra el barco, aunque los daños no fueron demasiado graves y se limitaron a rotura de cristales e inundaciones menores.

Si pensáis hacer un crucerito… por cierto, en 2010 en el Mediterráneo tres olas de 8 metros golpearon al MS Louis Majesty en su ruta entre Cartagena y Marsella, provocando dos muertes. Aunque eran mucho menores que las olas solitarias normales, evidencian que pueden formarse en cualquier momento y lugar, y que son peligrosas. Un dato para la esperanza: por su propia naturaleza anómala de ladronas de energía, las olas solitarias gigantes suelen colapsarse en muy poco tiempo y “disolverse” rápidamente. Es un alivio, ¿verdad?

PD: Si visitáis un faro, cuidado que no sea el de Fastnet o el de Eagle Island: el primero fue golpeado por una ola de 48 metros… y el segundo por una que llegó a 66 metros de altura.

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  1. Ferven
    8 septiembre, 2011 a las 21:28

    Nooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!! no quiero de morir por una ola! y menos, por 3 olas!XDDDDD Pero, pero,pero… tú de dónde sacas esto?? por qué sueñas cosas raras?? En fin, una pasada… si uno se para a pensar estamos siempre colgando de un hilo, porque este planeta mayoritariamente es agua… el día que el mar tome las riendas, no sé que será de nosotros! tranquilo…. no pienso coger ningún barco, jojojo

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